Primera oda a unos ojos

Poema a unos ojos que son por sí mismos un ser,
a unos ojos que son un alma entera,
a unos ojos que cuando lloran esculpen una cueva.

Poema a zafiros, a cántaros,
a medusas incandescentes flotando perspicazmente
en el abismo ultramar.

Ojos sumbmarinos, lujuriosa claridad.

Poema a unos ojos etéreos y sin pasado,
a unos ojos lobeznos, color de frutos,
a unos ojos que labran riachuelos,
que iluminan, son flogisto y fogata.

Poema a una mujer pegada a unos ojos,
a la fosa existencial donde vacían su tributo.

Poema a unos ojos que están hechos del vapor de luz,
a unos ojos llenos de ecos,
a unos ojos que me cobijarán esta noche
y la posterior.

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Tía Lucy

¡Ah, qué vejez tan jovial, tía Lucy!
¡qué juventud tan vieja!
Llegas a cualquier lado, sea cual sea,
y lo impregnas de moneditas y jacarandas,
y así vas, así te veo, llegando al cielo.

¡Ah, la salerosa tía Lucy!
¡cómo quisiera acercarme a ti
y respirar de cerca tu alegría!

Vienes de la serenidad,
del respeto de la historia,
desinhibida, sin importar murmullos.
Tú vives como si la vida fuera
lo único que nos queda.
Y es por eso que tú vives, y mueres, y de nuevo vives,
con tus 82 años, 94 años, 105 años, ¿qué más da?

Porqué de tus labios, tía Lucy,
sale el pasado,
salen los rezos profanos al señor de las alturas,
sale la pequeña lucidez del que olvida
y la fantasía onírica del que recuerda.

Ah, tanto tiempo, tía Lucia,
mi tía más querida,
la abandonada, la madre del impuro,
impuro de tu vientre, el heroísmo.

Ah, Lucía,
la que nació ayer y todos los días,
la que implora con su carácter ensimismado un día más,
y se le entrega ese día, y lo recibe con júbilo.

Lucía, no tienes problemas con nadie, te has dedicado a pagar,
por ello vives tranquila,
con tu hijo,
con tu nieto,
con lo que siga.
Esto es lo que me enseñas, tía Lucy:
no implorarle más a la vida,
tomar lo que venga,
¿qué mas da?

2016-03-19 12.50.21

Yo crei en ti, Girondo

Yo crei en ti, Girondo,
buscando como loco «a la que vuela»,
¿Te habré malinterpretado?
Ya la busqué y la encontré,
pero ella no «era».
¿Realmente alguien «es»?
Creo que allí radica el error.
Pecata minuta,
error de inocencia.

Me siento como al trabajador que se le promete en campaña,
al moribundo que se le promete la vida eterna,
al pastor que sele prometen mil cabezas de ganado,
y la tierra es árida.

Yo nací un jueves, y tal vez por eso
me he encontrado con alguien que no «vuela»,
escala.

Esperanzado.

Entre tanto desasosiego
y una vida con un amplio panorama desolador,
mi dia a día, contigo, Karenina,
me da la fuerza para abatir la bruma.

Tu mirada tibia me da esperanza,
pero no una esperanza equivoca,
no me refiero a una esperanza de “paz mundial”,
tampoco a un acto de fe,
o a una esperanza terrenal o esperanza de juglar y bufón,
no es la típica esperanza de la parábola «el cambio está en uno mismo».
No.

Tus labios…
o aquellos momentos donde te aferras a mí,
contrayendo entre tus brazos,
me dan la esperanza de una muerte más digna;
me hacen tener un camino más ligero,
un andar sostenible y acompañado
entre tanto y tanto «sin sentido».

Tu estancia, tu candor, tu compromiso,
convalece, entrega serenidad y da un horizonte más sincero.

En verdad, te lo agradezco, vida mía.

Moriré sin sentirme satisfecho,
y no de mí, no de ti,
de nuestro entorno y nuestra vaga posición.
El rey tiene la condena de ser rey,
los demás son súbditos.
Moriré y seguramente el mundo seguirá acabándose,
las oportunidades se reducirán,
la desigualdad seguirá privilegiada.
Duele.
Moriré y las especies seguirán extinguiéndose,
el calentamiento nos sofocará en nuestros funerales,
y los políticos seguirán más cerdos, opresores.
Hemos nacido de una forma y hay formas irremediables,
moriré sin ver el fin de la des-humanización.

Ahora bien, aunque los cielos venideros sigan siendo cuadrados,
aunque siga siendo tan importante el bien material
y tan poco importante el humano,
aunque importe más la venta que el comprador,
o aunque sigamos sufriendo enfermedades millonarias,
moriré sintiéndome dichoso
porque nos encontramos para darnos un paso más justo.

Así que: ¡pesares, vengan a mí!
no les temo, no les esquivo, no me doblego.
Sufriré lo que tenga que sufrir,
veré el desasosiego en mis aledaños que tanto quiero,
los veré llorar, los veré escupir, los veré jadear,
y me va a doler, ¡vaya que me va a doler!
Me dolerá porque somos nadie,
porque no tenemos el capital suficiente para cambiar el mundo,
porque el mundo no está interesado en cambiar,
porque siempre es muy prematuro.

Pero tú, alma mía,
me enseñas a ser paciente, a no desesperarme.
¡Y en verdad voy a intentarlo!
Intentaré no salir de mí, no perderme en la rabia, no degollar al verdugo.
¿Es cierto que degollar al verdugo te hace verdugo? ¿O acaso te hace libertador?

No tomaré a pecho el «diente por diente»,
intentaré ser firme y justo,
y tus ojos, victorias pardas aladas,
me darán alivio, guía, esperanza.

4

No tengo ganas de desayunar,
ni de mirarme en un espejo
tranquilamente
después de bañarme,
no tengo ganas de pensar.

Tic- tac- tic- tac.

Tengo remolinos de viento en mis adentros,
me siento seco, atolondrado, sofocado,
me tengo miedo y al mismo tiempo pereza.

Tengo tanto por hacer y a la vez tan poco lápiz,
un momento de infertilidad mental.

Es hora de bajar y tomarme un café,
y de no terminar este poema

Muerto bien muerto

No soy una persona estática,
soy un Alfredo dinámico.

Si las personas se van a morir,
¿Qué sentido tiene pasar la vida inmóvil?

Yo estoy seguro que cuando me muera
seguiré bien vivo,
no sé hacerlo de otra manera.

Cuando me toque petatearme,
seguiré viajando,
cuando este muerto… ¡bien muerto!
seguiré escribiendo.

Desdicha.

I.

No.
No te tengo miedo.
Carezco del típico miedo irracional.
Tengo más miedo a la desdicha
que a cualquier malentendido deforme.
Tengo miedo a desplomarme,
a horrorizarme de mí mismo.
La desdicha,
la des hincha,
la desdi, che
la destetada,
la desolación,
la desahuciada,
desheredada
desdicha,
destapada,
chorreada,
disléxica.

El miedo y la desdicha fueron las herencias de mi padre,
fueron un diminuto regalo intravenal,
minúsculo cromosoma heredado.
Hijo del padre desdichado,
el peral boreal del cual comemos,

hijo de tigre pintito,
el pie del que cojeamos, Migha…

ii.

«¡Cómo te ves me vi, cómo me ves te verás!»
Entre más crezco siento que soy más parecido a mis padres.
Siento como si fuera una condena,
un ciclo,
como si estuviéramos anclados a repetirlos.

Me horroriza crecer, verme más viejo,
con mi panza de kilos y ausencias de más,
me quiebro.

Dicen que uno deja de escuchar nueva música cerca de los treinta,
pero yo quiero seguir vagando
por esta vida de rockero y malnacido.
¿Será que estoy chavoruqueando?

iii.

Quiero que te vayas.
De esto estoy convencido,
quiero que te vayas:
tablas, aquí muere,
vida mía, mátame.

Vete aunque me quede con este hígado cirrótico,
vida,
vete aunque me quede con este cansancio que aturde,
con esta frustración versátil,
con este suspiro ya exhalado y este limbo limfático,
Vete aunque me quede con este miedo…
miedo a seguir siendo yo mismo,
a ser mi propio verdugo,
a atragantarme con mis propios bocados.

«El pez por su boca muere»
Habrá que soltar, habrá que soltar.

iv.
Migha, vivimos en tierra de nadie:
«Nos callan, nos aprietan, nos arden, nos ametrallan, nos acaban.
Eyaculan, ríen, asfixian, violan, disparan.

Nos matan, ¡cínicos! Se burlan, ¡cínicos!»

Migha, el pueblo está marchito:

«Se burlan, nos aprisionan, nos ahogan, nos lapidan, nos saquean, nos violan,
nos ultrajan, nos acribillan, nos torturan, nos acallan, nos matan.
¿Hasta cuándo? ¡Maldita sea!»

¿Será mejor aceptar nuestra derrota?

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Voy regresando a mí…

Voy regresando a mí,
la explosión fue muy fuerte.
Veo mi brazo flácido,
los músculos a carne viva.

Ella está a mi lado, inmóvil, jadeante.
Sus costillas tiritan.

Las bombas no avisan, caen,
dejando los ojos estrellados.

Mi cuerpo me parece ajeno,
acabada la taquicardia, ¿cómo puedo liberarme?
Los gritos han cesado.

Ella me sujeta fuerte de un solo brazo,
las manos húmedas por el sudor y las lágrimas se amarran,
las caderas indiferentes siguen tiritando…
La carne magra yace entre espasmos,
son estos momentos donde todos somos iguales.

Recordaremos siempre los días de reconciliación y guerra.
Todo se templa.
Lejos, lejos, más allá de nuestras desiciones
están los cielos azules,
la Paz se ha firmado.
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Me rehuso a creer que somos…

Me rehuso a creer que somos
solo lo que somos.
Nuestro semblante físico, nuestro exterior.
¡Qué valgamos por lo sucio de nuestra cara!

La humanidad se ha tirado por la brecha
a favor de globalizar la imagen.

¿Dónde quedo lo que realmente somos?

¿Dónde quedo la individualidad?

Somos esclavos de los estereotipos,
de la postura.
Hijos de la imagen.

Nadie escoge su físico, nadie,
nadie escoge su raza,
su estatura.
Nadie escoge sus manos,
sus ojos, nadie.

He nacido en un burdel urbano.

Maldito celular, no carga de nuevo…

Maldito celular,
no carga de nuevo.
Muevo y muevo el cargador
para un lado, para otro,
y nada.

Me siento desesperado.
No es el primer celular al que le falla la pila.
Estas tecnologías actuales de use y deseche.

Ya rompí el cargador,
uno más tirado a la basura,
use, rompa y deseche.

El problema consiste en que la batería no es removible.
No puedo quitarla, cargarla y conectarla,
habrá que ir con un técnico a que cambie la pieza
y ya sea de paso me apriete algún tornillo que tenga flojo.

Odio a los técnicos, como odio a los bancos,
o a los burócratas.
Hacer un trámite en México es una tortura.
Hay que perder el tiempo,
llenar formatos,
cédulas,
contraseñas que uno no recuerda,
y personas lentas, lentas, que tienen mucha gente y todo el día.

¿Porqué no retomamos las señales de humo?
¿Estarán retiradas todas las palomas mensajeras?
¿Recuerdan cuando íbamos a tocar a la casa del vecino para preguntar si podía salir a jugar?

Tengo el cargador roto en una mano,
y en la otra el celular desarmado, vaya problema.
A mí me cuesta mucho trabajo cuidar las cosas,
terminan por desesperarme,
¿será que son muy frágiles las cosas materiales?
Les muevo de más, les pico algo indebido,
truenan, se incendian, se descomponen.

De pequeño me decían que tenía manos de estómago.

Pero de todo esto el mayor aprendizaje es
no compren tecnología china,
al igual que su comida
no podemos estar seguros de cuál es su procedencia.